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Vida de profesor

Enero es el mes "plof"

Enero es el mes "plof"

Es curioso observar como el ánimo general de los alumnos se mueve por ciclos a lo largo del curso escolar. En septiembre prima el optimismo tras haber renovado energías durante el estío; en octubre domina el envalentonamiento, ya que los estudiantes miden con el profesor hasta donde pueden llegar en sus modos de comportarse; en noviembre impera la confianza, porque ha dado tiempo a que profesor y alumno se conozcan y se "sepan llevar" mutuamente; en diciembre prima el nerviosismo por los primeros exámenes del curso...

Cualquier profesor con un mínimo de experiencia sabe que a mediados de enero los estudiantes de Instituto andan "plof". Y también los profesores pues, según se dice, es el mes en que más bajas se producen por depresión. Tomando conciencia de que enero es el mes más "plof" y que estamos sujetos a esa ley no escrita de la naturaleza del mundo escolar, uno puede ser capaz de liberarse de tamañas cadenas y decir: ¡es un martes de mediados de enero y estamos obligados a disfrutarlo por el mero hecho de que existe!

Entrevista con Los Galván

Entrevista con Los Galván

Proyectos como realizar un periódico para la clase de Filosofía tiene un efecto motivador grande en el alumnado. Cuando este periódico conlleva un premio más o menos importante como el que organiza el periódico El país, la motivación se convierte en reto, ya que son cientos las personas que pueden leerlo.

En mi clase de Filosofía nos hemos organizado y estamos escribiendo un periódico colaborando con el diario El país. El talento de los estudiantes es mayor de lo que pensaba, y estamos obteniendo exclusivas de interés general así como financiación por parte de algunas empresas privadas que contratan publicidad con nosotros.

Los temas de actualidad tienen un componente filosófico ineludible, con lo cual no nos separamos del currículo que el gobierno nos impone impartir. Escribir un periódico es hacer filosofía, y ésta, como muchas veces digo, es la única manera de aprenderla (como dijo Kant).

Hoy mis alumnos me entregaron una entrevista harto interesante a un grupo que se está poniendo muy de moda en toda la geografía nacional: Los Galván. Podrán leerla dentro de unos días en el periódico. Aunque parece que no son muy aficionados a la filosofía, su actitud ante la vida es todo un ejercicio filosófico. Ahí va una de las respuestas para ir abriendo boca:

P: ¿Creéis que tienen (vuestras canciones) algún sentido filosófico?
R: Pues igual alguna si...nos gusta jugar con las palabras entonces hay frases que la gente que se queda con ellas y gustan por su significado ya que con pocas palabras puedes decir o transmitir muchas cosas que es de lo que se trata.

En la foto, en cuclillas, Mamen, Ana Belén, Silvia y Quique, mis alumnos que entrevistaron a Los Galván. ¡Buen trabajo chicos!

Castigos

Castigos

¿Saben ustedes cómo se castigaba durante el siglo XVII alemán a los príncipes que no estudiaban? Azotando a los otros niños nobles.

Hoy en día los profesores suelen castigar dando una mala nota, es decir, imponen un castigo muchísimo peor moralmente que el de los los príncipes alemanes, ya que una mala calificación supone mayores dificultades para que entren en el mercado laboral de una forma digna.

San Agustín El maestro

San Agustín El maestro

"¿Quién es tan estúpidamente curioso que envíe su hijo a la escuela para que aprenda lo que el maestro piensa?"
San Agustín, El maestro, s. IV d.C, edición y traducción en Trotta de Atilano Domínguez, p 132.

En primera línea

Mezclando la arrogancia con el orgullo, he de decir que mis alumnos no sólo adquieren conocimientos en mis clases, sino que tienen la posibilidad de ganar dinero a través de su creatividad. Nuestra página web (cuya dirección daré a quienes me la pidan, por una razón de control) es visitada por una media de 200 personas al día, accediendo a 1000 páginas en un período de 24 horas, con puntas de hasta 360 personas distintas en un solo día.

Esto da dinero, qué duda cabe, y ya he planteado en el aula que se aproveche esta oportunidad que nos brindan las Nuevas Tecnologías para obtener beneficios materiales, y no sólo "espirituales".

Decía Gorgias (el sofista de la furia del lenguaje) que la Filosofía es un placer, pero lo que el hombre ha de hacer es negociar, comerciar y ganar dinero para vivir una vida más plena, dejando las sofisterías para los jovenzuelos. Yo digo: que los alumnos ganen dinero aprendiendo Filosofía.

¿Que cómo se hace eso? Internet tiene la clave, pensad, pensad. Aquel alumno que obtenga más de 1000 euros desde hoy hasta junio tendrá Matrícula de Honor, la única condición inexcusable es que la práctica filosófica (donde incluyo las otras dos asignaturas que imparto, a saber Psicología y Ética) sea requisito sine qua non para obtener dicho dinero.

El trabajo duro y el pensar, elementos fundamentales del filosofar, dan capital. En junio lo veremos.

Elementos de pedagogía práctica



El otro día, en una librería de viejo, cayó en mis manos una primera edición de un manual de pedagogía del año 1912 (Daniel Jorro Editor, en la calle de la Paz, número 23 de Madrid). El librero sólo me pidió 10 euros por él, así que lo adquirí raudo, veloz e intentando ocultar mi intensa emoción (por si pudiera subirme el precio, como le pasó a Cervantes cuando encontró los manuscritos de Cide Amete Berengeli).

Se trata de la traducción de un texto original de un superintendente de Kansas quien atendía al nombre J. M.Greenwood, lo cual en aquella época debía sonar muy importante para un españolito de pro. Ahí les dejo unas perlas:

"No sólo deben los discípulos ser enseñados á (sic) moverse pronta, sino también silenciosamente. Nada de pisadas fuertes ni de carreras (...). Pueden andar reposadamente, fácilmente, naturalmente, colocando los pies firmemente y adaptándolos al piso. El andar de puntillas, exigido por algunos maestros para evitar el ruido, es antinatural y antiestético (...). Aun suponiendo que se hiciese algún pequeño ruido, siempre sería éste preferible á (sic) destruir la gracia natural de los movimientos infantiles" (p 94)

"El maestro debe ser cortés con los discípulos (...) y no debe dirigirse a ningún discípulo por su nombre sin anteponerle un título. Es una costumbre grosera y burda. Al dirigirse á una señorita, debe anteponerse al nombre el título de "señorita". Hablando con un joven el título de "señor"" (p 96)

"No dejar ver nunca a los discípulos que estáis aburridos. Nada deleita tanto á los discípulos malévolos ó (sic) viciosos como ver quepueden aburrir al maestro..." Ibid.

"Consejos para los maestros.

1. Hablar.
a) En tono bajo.
b) No demasiado rápidamente.
c) Claramente.

2. No "apuntar".
a) En la recitación.
b) En el examen.

3. Ser cortés con los dicípulos

4. No repetir.
a) Preguntas.
b) Respuestas.

5. Dominarse á sí propio.

6. Dominar á sus discípulos.

7. Preparar la lección.

8. Hacer que sus actos y sus palabras sean disgnos de su profesión.

9. Ser.
a) Original.
b) Entusiasta.
c) Enérgico.
d) Espiritual.
e) Sistemático.
f) Bondadoso.
g) Cuidadoso.
h) Firme.
i) Dueño de sí.
k) (sic) Digno.
l) Paciente." (pp 97 y 98)

Alejandro Magno

Alejandro Magno

La última película de Oliver Stone es un tributo al fascismo. Las emocionantes músicas mezcladas con los ebúrneos y pentélicos paísajes que acompañan al emperador magnánimo (aunque con enfermizos delirios de grandeza aderezado con una incontrolable agresividad incluso para con sus seres queridos) invitan a los no avisados a querer ser como él, es decir, el filme incita al espectador a conquistar el mundo, a molestar a nuestros vecinos para expropiarles su territorio, a guerrear como fin en sí mismo. Si el sensacional director hiciera la misma y espléndida película sobre la biografía de Hitler todos querríamos serlo, pero como el Magno queda a muchos años de distancia... ¡Ay, Aristóteles, Aristóteles, si hubiéras afeado la conducta en su momento a tu ínclito y aguerrido discípulo, en vez de despertarle su curiosidad por la geografía del planeta!

Si pueden vayan a verla, y los profes que tomen buena nota para parar los pies a los alumnos con tan amplias miras como Alejandro porque pueden llegar a ser muy peligrosos para una sociedad en paz y armonía.

El maquinista

El maquinista

Si uno suma Tiempos Modernos de Chaplin a Psicosis de Hitchcoch, se encuentra con El maquinista de Bale, elocuente psicodrama sobre las consecuencias del complejo de culpa y el trabajo en cadena. Si se atropella a alguien con el coche no hay que salir corriendo porque, si no, se corre el riesgo de pasar muchos meses sin dormir un solo instante, y de no rendir en el trabajo con el consiguiente despido laboral, y de arrancar el brazo al compañero de alienación por ver visiones, y de desvirtuar el amor acudiendo a él previo pago de su importe, y de pasarse las tardes hablando solo. Cuando al final se entrega a la policía todos sus suplicios se acaban y, por fin, concilia el sueño, como los niños de los Lunis.

Juan de Mairena

Antonio Machado, a través de Juan de Mairena (ed. Bibliotex), decía cosas sobre pedagogía tan interesantes como estas:

Juan de Mairena lamentaba la falta de un buen manual de literatura española. Según él, no lo había en su tiempo. Alguien le dijo: "¿Y también usted necsita un librito?". "Yo -contestó Mairena- deploro que no se haya escrito ese manual, porque nadie haya sido capza de escribirlo. la verdad es que nos faltan ideas generales sobre nuestra liteartura. Si las tuviéramos, tendríamos también buenos manuales de literatura y podríamos, además, prescindir de ellos. No sé si habrá usted comprendido... Probablemente, no." (p 55)

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Es cosa triste que hayamos de reconocer a nuestros mejores discípulos en nuestros contradictores, a veces en nuestros enemigos, que todo magisterio sea, a última hora, cría de cuervos, que vengan un día a sacarnos los ojos. (p 84)

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Vosotros sabéis que yo no pretendo enseñaros nada, y que sólo me aplico a sacudir la inercia de vuestras almas, a arar el barbecho empedernido de vuestro pensamiento, a sembrar inquietudes, como se ha dicho muy razonablemente, y yo diría mejor, a semabrar preocupaciones y prejuicios: quiero decir juicios y ocupaciones previos y antepuestos a toda ocupación zapatera y a todo juicio de pan de llevar. (p 180)

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Procurad, sobre todo, que no se oe muera la lengua viva, que es el gran peligro de las aulas. De escribir no se hable por ahora. Eso vendrá más tarde. Porque no todo merece fijarse en papel. Ni es conveniente que pueda decirse de vosotros: Muchas ñoñeces dicen; pero ¡qué bien las redactan! (p 191)

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Sobre la pedagogía decía Juan de Mairena en sus momentos de mal humor: "Un pedagogogo hubo; se llamaba Herodes". (p 203)

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Aprendió tantas cosas -escribía mi maestro, a la muerte de su amigo erudito-, que no tuvo tiempo para pensar en ninguna de ellas. (p 227)

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Ayudadme a comprender lo que os digo, y os lo explicaré más despacio. (p 229)

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La niña que salvó a 100 personas

La niña que salvó a 100 personas

Hoy decía la radio que una niña salvó a cien personas en Tailandia, durante el maremoto de la semana pasada, porque aconsejó a las gentes que la rodeaban en la playa, tras la primera e inofensiva ola del tsunami, que se agarraran fuerte o que encontraran un lugar seguro para protegerse. Había estudiado en la clase de ciencias naturales que después de la primera ola de un tsunami viene otra más fuerte y mortífera. El profesor que se lo enseñó es un héroe.

La educación sirve, ante todo, para prever el futuro y, por ende, salvar vidas.

Falta Virgen y niño Jesús por robo

Falta Virgen y niño Jesús por robo

Cuando uno va camino de la Alhambra, en Granada, se topa con este Belén gigante en el altillo de un comercio. Me gustaría usar la imagen que tomé como excusa para hablar de los valores que inculcamos los profesores en España, porque este hecho, acontecimiento exclusivo diría yo, no tiene parangón en ningún otro lugar del orbe. Sin embargo, prefiero callar; la imagen habla por sí misma. Si al menos el móvil del robo fuera ideológico...

Aprender a pensar con libertad

Aprender a pensar con libertad

Dice José Antonio Jáuregui en su reciente libro publicado en Martínez Roca:

"El verdadero filósofo, el auténtico profesor, no intenta que sus estudiantes se aprendan de memoria y de carretilla (sic) toda una sarta de dogmas de tal o cual secta o camarilla. El verdadero maestro previene a los estudiantes del peligro de preferir a Sócrates a la verdad. El propio Sócrates no insta ni incita a sus estudiantes y menos a sus discípulos para que se conviertan al "socratismo", ni para que se definan como "socratistas". (Página 16).

Más adelante continúa citando al ínclito antropólogo Evans-Pritchard:

"Lo primero que hay que desterrar del mundo académico son los libros de texto. No te fíes de los comentadores de comentadores de comentadores. Son fotocopias de fotocopias de fotocopias. Al final no queda nada del original (...)". (Página 27).

¡Feliz solsticio de invierno!

Los malos alumnos

Los malos alumnos

Acaba de publicar Álvaro Marchesi en Alianza Los malos alumnos., libro que espero adquirir en breve. Mientras tanto he de conformarme con la exquisita entrevista que le hacen hoy en La Vanguardia.

Este pedagogo propone lo siguiente:

1. Que los padres lean con sus hijos
2. Que el Estado pague las clases particulares a los alumnos más flojos
3. Que los profesores se anticipen al conflicto, que lo intuyan y que lo gestionen con cierta distancia.
4. Que se invierta más en educación, ya los países y regiones más ricos tienen menos suspensos.
5. Que los centros con más estudiantes inmigrantes reciban más dinero que aquellos sin tanta inmigración.
6. Que los profesores traten a los estudiantes como adultos y se les pregunte cómo quieren enfocar la clase.

Yo, como se pueden imaginar, estoy totalmente de acuerdo.

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ÁLVARO MARCHESI, PEDAGOGO; EXPERTO EN FRACASO ESCOLAR
"Lea con sus hijos y no les suspenderán"

Tengo 57 años. Nací en Madrid. Cada maestrillo tiene su librillo: el mío es la intuición. Casado, dos hijos: gestioné sus suspensos con comunicación y apoyo emocional. Trabajo para que la igualdad empiece en el cole. La familia que lee unida... No suspende. No sobra ni un día de vacaciones. Publico Los malos alumnos... (Alianza)

LLUÍS AMIGUET - 00:00 horas - 20/12/2004
-Miles de chavales suspendidos, ¿qué hacer?

-Los padres tenían que haber hecho los deberes ya.

-¿Hacérselos o ayudar?

-Los padres pueden marcar la diferencia entre éxito y fracaso escolar, pero años antes de que lleguen las notas. Si les leen a sus hijos desde pequeñitos y luego leen con ellos, su rendimiento será muy superior al de los niños siempre aparcados frente a la tele.

-Consejo preciso y precioso.

-Si no se ha seguido, lo mejor es reaccionar cuanto antes.Un niño con un ligero retraso es fácilmente recuperable, pero la educación es como el pelotón del Tour: cuando te quedas descolgado, remontar cada metro requiere mucho más esfuerzo que mantener la velocidad habitual de la clase.

-¿Y una vez detectado el fracaso?

-El colegio debe poner los medios: profesores con grupos muy reducidos de alumnos dos horas extra semanales de clase de apoyo.

-Las clases particulares son caras.

Más caro es recuperar sociópatas. El fracaso escolar es un camino hacia la marginación. El Estado debe pagarlas.

-¿Qué pueden hacer los padres?

-Además de apoyar su refuerzo, deben asegurar al suspendido experiencias de éxito.

-¿Aplaudirle por fracasar?

-No. Darle la oportunidad de que, aunque suspenda matemáticas o lengua, pueda triunfar en el cole en otras facetas.

-Por ejemplo.

-En los deportes o tocando un instrumento o con su relación con los animales... Cualquier actividad que los demás aprecien.

-¿Por qué?

-Sólo así el niño que fracasa en el cole reforzará su autoestima y verá en la educación una vía de gratificación, no sólo una mortificante degradación de su ego.

-¿Y el fracaso escolar de los profesores?

-¿?

-Estresados, agobiados, cansados...

-Para evitarlo deben anticiparse al conflicto, intuirlo y gestionarlo con cierta distancia.

-¿Sin implicarse emocionalmente?

-Saber distanciarse no quiere decir pasar, quiere decir saber desconectar del cole cuando acaba y tener una vida aparte. Les ayudará mucho tener amigos compañeros.

-Colegas y sin embargo amigos: difícil.

-¿Por qué algunos profesores que se enfrentan a los mismos alumnos están ilusionados y otros en cambio están agobiados?

-¿Por qué?

-Porque han encontrado un grupo en el que se apoyan mutuamente y se motivan.

-¿Demasiadas vacaciones para los profes?

-¡No!, sufren un gran desgaste emocional.

-¿Y los demás trabajadores, no?

-La pelea diaria con los alumnos es agotadora. Son vacaciones necesarias. Como es necesario más apoyo del Estado a los centros con más inmigrantes en los barrios de nivel sociocultural más bajo. Las cifras cantan.

-¿Qué cantan?

-Más presupuesto de educación, menos suspensos; más nivel sociocultural de los alumnos, menos fracaso. Y cuando hay menos fracaso, se asegura que el nivel sociocultural de todo el país será mayor en el futuro.

-¿Suspenden mucho nuestros chicos?

-Tenemos una tasa del 25 por ciento.

-¿Suspendemos entonces como sociedad?

-Sí. En la UE la media de suspensos es del 18 por ciento. En el Estado, las comunidades más ricas tienen menos suspensos: Navarra y País Vasco o Catalunya muchos menos que Extremadura y Andalucía. Lo mismo pasa en el planeta: los países prósperos aprueban.

-¿Existe una tasa natural de suspensos?

-Podríamos aceptar hasta un 15 por ciento en los niveles obligatorios de enseñanza.

-Los niños ricos suspenden menos.

-Por eso los inmigrantes deben distribuiriles se por igual entre los centros de una misma zona. Es injusto que la enseñanza pública gestione en solitario el enorme coste de integrar a los inmigrantes, que es lo que está pasando en estos momentos.

-¿Qué propone?

-Cada centro, público o concertado, debe recibir un trato específico. Un niño inmigrante llega sin saber la lengua: integrarlo exige un ímprobo esfuerzo personalizado. Es injusto que todos los centros reciban las mismas subvenciones, cuando hay institutos públicos con un 25 por ciento de inmigrantes y otros concertados que no tienen ni uno.

-¿Se está haciendo ese esfuerzo?

-Hay miles de buenos profesores trabajando con resultados, pero necesitan más apoyo. También he encontrado a niños magrebíes que llegaron al cole público con 11 años y ninguna noción del idioma... ¡y les aprobaron!

-¿Las chicas son más listas?

-Sacan mejores notas.

-¿Por qué?

-Ellos maduran dos años después que ellas, así que sus problemas se prolongan en la secundaria. Además, la cultura de los chicos tiende a buscar su identidad en la rebeldía y eso afecta a su rendimiento. Se observa incluso en cuestiones menores.

-Por ejemplo.

-Yo veo un examen y, sólo por la letra ilegible, ya sé que se trata de un chaval.

-La caligrafía ha caído en triste olvido.

-Les suplico que se esmeren y nada:me llegan tarde, se pelean, chillan...

-Usted ha estudiado a las ovejas negras.

-Les pregunté por los profesores y echaron pestes. Les pedí una excepción. Y me hablaron de una profesora de música.

-¡Si la música era una maría!

-Pero esta profe los trataba como adultos. Preguntaba a los chavales cómo querían enfocar la clase y ellos la respetaban

Agradar a todos

Agradar a todos

El oficio de profesor resulta, a veces, complicado porque hay que agradar a los alumnos, a sus padres, a la administración y a los colegas de profesión. A veces, satisfacer a unos entra en conflicto con contentar a otros. En otras ocasiones no hay pie a término medio: "o se está con alguien o se está contra él".

Es difícil tener la suficiente mano izquierda como para torear todo tipo de visicitudes sociales en el Instituto, lo cual genera enfrentamientos, mal entendidos, caras largas, y miradas inquisitivas.

La solución estriba en hablar, en preguntar directamente, ante la más mínima sospecha, "¿qué te pasa conmigo, he hecho algo que te disgustara? De todas formas, intentar alegrar a todos convierte a uno en una especie de máquina sin sentimientos en que "el otro" se convierte en "algo" que actúa y "el yo" se instaura como un "ente" que acude a la bibliografía para reaccionar "con inteligencia emocional" según sea el comportamiento del primero. Y esto, como dice una alumna, "no es plan".

¡O estudias o te pago!

¡O estudias o te pago!

Hay casos de estudiantes perdidos en España que podrían volverse a "encontrar" con tan solo un poco de dinero. Si uno no estudia se le debería dar dinero para que lo haga, ese es el agente motivador por excelencia. Obviamente, si se hiciera extensiva esta práctica ningún estudiante estudiaría como un fin en sí mismo, sino que lo harían por dinero, lo cual supone una práctica irrealizable.

Sin embargo, hay casos límite en que se debería hablar con los estudiantes y sus familias para que, a cambio de dinero, y llevado con la máxima discreción posible, los alumnos se comprometieran a estudiar y a rendir unos mínimos que serían premiados en forma de salario.

Las mínimas becas que se dan hoy en día sólo llegan a contados estudiantes. Si en vez de becas lo llamamos salario, lo aumentamos y pedimos un rendimiento como el que le pediría un jefe en una fábrica de automóviles, muchos estudiantes estarían encantados de ir a trabajar al centro educativo y ellos mismos se lo tomarían en serio porque hablamos de un dinero muy suculento.

Lo que parece un derroche económico no sería más que una inversión a medio plazo ya que disminuiríamos el número de tontos e incultos, lo cual constituye el mayor lastre para la economía de un país.

En México parece que funciona, como indica hoy La Vanguardia:

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Un salario para estudiar

http://wwwd.lavanguardia.es/Vanguardia/Publica?COMPID=51172032354&ID_PAGINA=788&ID_FORMATO=9&PARTICION=416&SUBORDRE=3

CÓMO CAMBIARÁ LA vida de una sola de esas niñas si, en vez de ir a la fábrica, al campo o al prostíbulo, le damos la posibilidad de ir a la escuela

XAVIER SALA I MARTÍN - 00:00 horas - 17/12/2004
Dentro de poco empezará el curso escolar en el hemisferio sur. Lamentablemente, millones de niños de Tanzania, Mozambique, Angola, Lesotho, Malaui, Madagascar o Suazilandia no sentirán aquella sensación especial que sentíamos nosotros en la víspera del primer día de clase, ansiosos por estrenar carpesano, plumier y bata y por saber quién sería nuestro nuevo profesor. Y es que unos 75 millones de niños africanos no van a ir al colegio este año porque sus familias no se lo pueden permitir. El tema es grave, porque un país no se puede desarrollar sin una ciudadanía educada. Es más, las niñas sin escolarización tienen más hijos y éstos gozan de peor salud y mueren antes de los cinco años con mayor probabilidad. La educación, pues, tiene importantes beneficios económicos, sociales y de salud pública.

El principal problema es que ir al colegio en África es muy caro. Por un lado, en muchos países se tiene que pagar matrícula. En Tanzania, por ejemplo, ésta es de unos 10.000 chelines tanzanos (unos 10 dólares por curso). Por otro lado, hay que comprar uniformes (17$), libros (5$) y transporte (3$). El coste total por niño es, pues, sólo de unos 35 dólares anuales, una cantidad no muy elevada para nosotros, pero toda una fortuna para los ciudadanos de Tanzania, cuya renta per capita es de ¡240 dólares!

Esto, aun siendo una barrera importante, no es la más grande. Lo peor es que las familias más pobres -sobre todo las que viven en las zonas rurales- no pueden sobrevivir sin el salario del trabajo infantil. El coste de oportunidad de ir al colegio -es decir, el dinero que el niño deja de ingresar si va a la escuela en lugar de a trabajar- es más prohibitivo que los 35 dólares de gastos directos.

¿Cómo se arregla esta situación? Encontramos una posible pista en México: en 1997, el presidente (y economista) Ernesto Zedillo observó que los estados más pobres de ese país sufrían un problema similar al que he descrito para África e introdujo un inteligente programa llamado Progresa, a través del cual se pagaba dinero a las familias pobres a cambio de que los niños fueran al colegio. Al no perder el salario de los menores, pensó Zedillo, los incentivos a escolarizar aumentaban.

Han pasado siete años y el programa -rebautizado por Vicente Fox con el nombre de Oportunidades- llega ya a 5 millones de familias mexicanas. Progresa/Oportunidades ha sido catalogado por los expertos como un éxito espectacular. No sólo ha sido alabado por instituciones internacionales -la Unicef hace especial mención en su Estado de la infancia en el mundo 2005-, sino que ha sido copiado, entre otros, por los gobiernos de Bangladesh, Pakistán, Chile, Colombia, Brasil, Nicaragua y Honduras.

Implementar algo similar en África tiene un problema: se necesita un dinero que los gobiernos de ese continente no tienen. Por este motivo, la Fundación Umbele (www.umbele.org) acaba de lanzar un programa que intenta hacer algo parecido a través de la iniciativa privada.

Como ya expliqué en estas páginas el 17 de septiembre pasado, Umbele recauda dinero entre ciudadanos de países ricos (es decir... ¡ustedes!) y lo envía a África sin perder ni un euro por el camino. Para conseguirlo, Umbele se sirve de una red de personas que ya están trabajando en África: nuestros misioneros. Pues bien, el nuevo programa aprovecha esa infraestructura y paga a las familias africanas un salario para que los niños acudan a la escuela. Los misioneros deben garantizar que los niños efectivamente van al colegio antes de cobrar, cosa que ellos pueden comprobar con facilidad, ya que normalmente trabajan en escuelas (por cierto, dado que Umbele no es una fundación religiosa, se comprometen a no utilizar el dinero con finalidades evangelizadoras).

Con este programa, no sólo se suplementan los ingresos de las familias más pobres, sino que, al mismo tiempo, se proporcionan los incentivos para que los menores no abandonen la escuela para ir a trabajar. En la medida de lo posible, el programa intenta beneficiar a mujeres y niñas. Primero, porque las niñas son las primeras que abandonan la escuela para buscar trabajo. Segundo porque, como ya he dicho, la educación femenina tiene beneficios sociales adicionales en el campo de la salud. Y tercero, porque dando una fuente adicional de ingreso a las mujeres, se fortalece su posición en la familia y dentro de la comunidad.

El trabajo infantil es un fenómeno que produce -y debe producir- rechazo en los países ricos. Pero el simple boicot a las multinacionales tiende a generar resultados contraproducentes. A todos los que odian ver a menores trabajando Umbele les proporciona un mecanismo para contribuir a solventar el problema: ¡envíen dinero para que, en lugar de trabajar, los niños puedan sobrevivir yendo a la escuela!

Sí. Ya lo sé. Para hacer que sigan estudiando los 75 millones de niños y niñas que este febrero no van a regresar al colegio, se va a necesitar mucho más de lo que ustedes, yo, la Fundación Umbele o todas las ONG del mundo podemos contribuir. Pero eso no es una excusa para no hacer nada. Piensen en cómo cambiará la vida de una sola (¡una sola!) de esas niñas si, en vez de ir a la fábrica, al campo, al prostíbulo o a buscar comida en los vertederos de basura, le damos la posibilidad ir a la escuela. Y mientras lo piensan, recuerden que, para ella, quizá esta sea la última oportunidad para salir del pozo, la oportunidad que brinda... un salario para estudiar.

X. SALA I MARTÍN, de la Fundació Umbele, la Columbia University y la UPF www.columbia.edu/%7exs23

Alumnos procedentes de centros privados

En muchas ocasiones los profesores de la enseñanza pública tenemos en el aula a algún que otro alumno procedente de un centro privado. Estos estudiantes se detectan rápidamente porque son muy peculiares. Estas son sus características:

1. Se sienten extremadamente felices porque se encuentran con un ambiente en que la libertad (a veces excesiva) impera por todos los rincones.
2. Suelen ser más traviesos, debido a aquel mecanismo de defensa freudiano de la "formación reactiva", es decir, se comportan de forma opuesta a como de verdad lo sienten por un afán de que no sean "descubiertos" sus orígenes y, de este modo, poder integrase mejor con sus compañeros.
3. Suelen estudiar, por inercia, bastante más que sus compañeros, pero bastante menos que antaño en el centro privado. Sin embargo, aprenden más en el Instituto público.
4. Están deseosos de tener amigos de verdad, de todas las clases sociales, hartos de un centro en que el dinero es el único requisito para ser aceptado.
5. Les cuesta adaptarse porque anteriormente se lo daban todo hecho, organizado y pensado y ahora tienen que hacer, organizarse y PENSAR.
6. Todas las represiones a las que les somete el centro privado son "reprimidas" en el centro público.
7. Traen una teoría elevada de los valores humanos, pero la ponen en práctica en el centro público. Además lo hacen muy bien.
8. Valoran a los profesores que les tratan como personas, acostumbrados a ser tratados como "inferiores".
9. Echan de menos las instalaciones y la tecnología, pero echan de más la excesiva disciplina (que no conduce a nada) y a los profesores puestos a dedo.
10. No quieren volver a la enseñanza privada, por muy mal que esté la pública.

¡Dios!

¡Dios!

Hoy otra alumna se "me" salió de clase. Esta vez fuí yo quien la invité a irse porque el tema que tratábamos era realmente traumático: "El problema de la Verdad". Poner en cuestión ideas tan enraizadas en lo más profundo de la psique humana como es "el concepto de Dios" (a nivel descriptivo, simplemente, y sin ningún ánimo de proselitismo laico) hizo que la estudiante se emocionara, gimoteara y dijera que no le gusta la clase de hoy.

Respondí que quien no quisiera hablar de Dios o escuchar argumentos delicados sobre el mismo (a favor y en contra) podía salirse del aula, y sólo esta alumna lo hizo. Desde aquí le pido perdón por dañar sus convicciones, pero la Filosofía consiste en poner en cuestión TODO, hasta lo aparentemente más obvio.

Cuando hablan dos alumnos

Cuando hablan dos alumnos

Una de las cosas que más frustran al profesorado es tener en la clase a dos alumnos hablando sobre temas ajenos a la unidad didáctica que se está impartiendo. Cuando esto sucede el profesor puede empezar pidiendo silencio y, si esto no funciona, debe sentar separados a los "chispantes".

Hoy tuve que vivir esta situación pero, hete aquí que cuando pido a la alumna que se siente en otro sitio me salta con que "no la respeto" y que "los profesores como yo hacemos que..." (no acabó la frase, a ver si me lo dice mañana). Luego, sollozando ante mi silencio, se salió del aula dando un portazo.

Sé que no es nada personal, pero estas actitudes me afectan. No somos máquinas y, por más que la teoría diga que su reacción se debe a factores ajenos a mi persona, uno no puede evitar sentirse impotente y triste. Ya son tres las alumnas que se me han salido de clase con malos modos, y todas del mismo grupo... supongo que algo debo estar haciendo mal. Se admiten sugerencias.

Evaluaciones

Evaluaciones

Pocas cosas son tan curiosas como las evaluaciones de final de trimestre. Los profesores nos reunimos para confirmar las notas y hablar un poco de cada alumno. Uno no puede evitar sentirse fenomenal cuando los profes echan pestes de algunos estudiantes que en mi clase rinden bien. Igualmente, uno llega a entender el porqué de las actitudes incomprensibles de algunos alumnos, ya que no sólo se muestran conmigo sino con todos los demás docentes.

La clave consiste en no tomarse las rarezas de algunos estudiantes como una "ataque" personal, aunque a veces sea difícil. No están contra el profesor sino contra el sistema. Es la edad y la química revolucionada del adolescente.

Tras las reuniones de evaluación he de decir que la mayoría de los profesores de mi centro educativo son buenos profesionales.

Los chicos del coro

Los chicos del coro

Cuando la familia y los amigos fallan, un profesor puede constituir un asidero firme que ayude al joven a sobrellevar los graves problemas que, a veces, ha de aguantar.

La mera enseñanza de cualquier asignatura puede constituir una terapia que corte de raíz el odio a la sociedad que muchos jóvenes llevan en la sangre. En el caso de la espléndida película Los chicos del coro la terapia viene por parte de un profesor de música.

Las claves de un buen "profesor terapeuta" las da la propia película:

1. No magnificar las travesuras del alumnado.
2. No usar libros de texto.
3. Que los estudiantes hagan uso del aprendizaje significativo.
4. Estar alerta y detectar el talento de los chavales en cualquier ámbito de la cultura.
5. Ser cómplice, pero no amigo, de los pupilos ya que la amistad implica tráfico de influencias.
6. Sonreír a los directivos, pero no tomarles demasiado en serio.
7. Ser firmes y rigurosos con los gamberros pero sin informar a los superiores.
8. Ser feliz en el aula.