Ritos de cortejo
La policía religiosa les vigila desde cerca y si ven que se intercambian los números de teléfono es excusa suficiente para detenerles.
Estamos intentando impulsar en mi Universidad la Asociación de Lengua Española, la cual, en comparación con la de francés e inglés, es bastante débil todavía. Una de las actividades que organizan los estudiantes de dicha asociación para fortalecerla es proyectar películas en español todos los miércoles a las once y media de la mañana. Hoy hemos visto el largometraje iraní Gabbeh doblada al español.
Dirigida por Makhmalbaf cuenta la historia de amor entre una alfombra y un hombre, lo cual sólo se puede expresar mediante poesía filmada, similar a la prosa poética de Umbral o Gabriel Miró. Los colores y el simbolismo fluyen incontenibles incitando al espectador a tener sensaciones más que pensamientos.
Una alfombra, personificada en mujer nómada, y un hombre, cosificado en dolor por el amor no correspondido, intentan alcanzar un equilibrio que, al final, como en casi todas las historias de amor, no ocurre.
"Gabbeh" es el nombre de un tipo de alfombra que era muy barata hasta que se hizo esta película, momento en que su precio aumentó considerablemente porque la gente empezó a apreciar su valor. Según me explicaron es muy sencilla y tiene representado, entre sus colores, algún episodio de la historia de la familia que la compró por primera vez, como pueden ver en esta imagen:
Por cierto, la película muestra muy bien las clases improvisadas con que se enseña a los niños y niñas nómadas que, aún hoy, recorren incansables la ruta de la seda iraní.
Desde estas líneas felicito a mis estudiantes Tooraj y Armin por el éxito de esta iniciativa. Me comprometo a ayudarles, en la medida de mis posibilidades, para fortalecer la recién nacida Asociación. 
ACTUALIZACIÓN 1 de abril de 2006
No pude resistirme a la tentación y acabé comprándome esta estupenda y colorida gabbeh:
Teherán es una ciudad pantagruélica que reúne a más de 11 millones de habitantes; es por ello que para desplazarse hay que usar un vehículo. Antes de nada, desde aquí prohibo a cualquier neófito a conducir en esta ciudad, la locura en la conducción es brutal, el caos, los pitidos, y los choques son norma común´que los iraníes llevan como algo natural, pero al extranjero le asusta. Peatones y coches se mezclan en las calles (vídeo de 15 segundos) ajenos a cualquier peligro y los vehículos aprovechan cualquier recodo para adelantar (4,6MB, 2:10 minutos)
Descartado conducir y, por supuesto, olvidando tener un chófer (porque es demasiado caro, aunque por cierto, me dejaron el otro día que me llevara el chófer del embajador y fue una gozada recorrer la ciudad en ese mastodóntico coche) no queda más remedio que ir en taxi, en autobús o en metro.
Si preguntas por el metro la gente se ríe, porque está recién construido y tiene poquísimas estaciones. Respecto del taxi uno siempre tiene la impresión de que le van sablear, así que también lo descarté (aunque luego supe que no es tan caro, al menos para un occidental). De este modo, hoy me decidí a tomar un autobús para ir al Gran Bazar al lado de la Mezquita de Jomeini.
Las fotos lo dicen todo. Delante los hombres. Detrás las mujeres. Por cierto, me acabo de dar cuenta de que en una de las fotos sale José María Aznar, me pregunto que está haciendo por estas tierras, ¿se habrá apuntado al diálogo entre civilizaciones que propugna Zapatero?
