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Vida de profesor

Profesor en Irán

Ritos de cortejo

Me cuentan que entre las calles Jordan y Vali-Ye-Asr las jóvenes quedan en los semáforos y permanecen allí un buen rato departiendo con sus amigas y sin cruzar al otro lado. Mientras hablan, un desfile de coches conducido por chicos van pasando por delante, mezclados con el denso tráfico de dichas avenidas. Cuando a uno le gusta una, el chico detiene el vehículo, invita a entrar a la chica y se van a tomar un café.

La policía religiosa les vigila desde cerca y si ven que se intercambian los números de teléfono es excusa suficiente para detenerles.

Fesenjan y ghormeh sabzi

El otro día me invitaron unos amigos a comer en su casa y me ofrecieron el consabido arroz, la occidental lasaña y dos exquisiteces típicas del Ramadán: fesenjan y ghameh sabzi.

El fesenjan es carne de pollo (aunque también se puede cocinar con cordero o pato) aderezada con una exquisita salsa de castañas y granadas. La señora de la casa me dio los ingredientes, pero otra cosa muy distinta es saber mezclarlos, proceso que, para llevarlo a cabo, hay que ser un experto cocinillas. hay que usar pollo (con o sin hueso y según el número de comensales y de su apetito), un poco de mantequilla, 2 tazas de cebolla rallada, una cucharada de pimienta negra, unos gramos de castañas ralladas, media taza de agua caliente, 3 tazas de zumo de granada y mermelada de cualquier sabor. Berenjenas, sal y aceite de oliva completan la lista.

Dada la complejidad del ghomeh sabzi rehusé a seguir atendiendo las explicaciones de su preparación, así que les dejo conesto



Ghameh sabzi


Fesenjan

Este post se lo dedico a mi buena amiga Teresa, verdadera artífice del milagro financiero de Onè Respe

Gabbeh

Gabbeh

Estamos intentando impulsar en mi Universidad la Asociación de Lengua Española, la cual, en comparación con la de francés e inglés, es bastante débil todavía. Una de las actividades que organizan los estudiantes de dicha asociación para fortalecerla es proyectar películas en español todos los miércoles a las once y media de la mañana. Hoy hemos visto el largometraje iraní Gabbeh doblada al español.

Dirigida por Makhmalbaf cuenta la historia de amor entre una alfombra y un hombre, lo cual sólo se puede expresar mediante poesía filmada, similar a la prosa poética de Umbral o Gabriel Miró. Los colores y el simbolismo fluyen incontenibles incitando al espectador a tener sensaciones más que pensamientos.

Una alfombra, personificada en mujer nómada, y un hombre, cosificado en dolor por el amor no correspondido, intentan alcanzar un equilibrio que, al final, como en casi todas las historias de amor, no ocurre.

"Gabbeh" es el nombre de un tipo de alfombra que era muy barata hasta que se hizo esta película, momento en que su precio aumentó considerablemente porque la gente empezó a apreciar su valor. Según me explicaron es muy sencilla y tiene representado, entre sus colores, algún episodio de la historia de la familia que la compró por primera vez, como pueden ver en esta imagen:



Por cierto, la película muestra muy bien las clases improvisadas con que se enseña a los niños y niñas nómadas que, aún hoy, recorren incansables la ruta de la seda iraní.



Desde estas líneas felicito a mis estudiantes Tooraj y Armin por el éxito de esta iniciativa. Me comprometo a ayudarles, en la medida de mis posibilidades, para fortalecer la recién nacida Asociación.

ACTUALIZACIÓN 1 de abril de 2006

No pude resistirme a la tentación y acabé comprándome esta estupenda y colorida gabbeh:

El traje

El traje Hoy tuve que comprar un traje para ponérmelo mañana en la recepción que hace el Embajador en su residencia por ser el día de la Hispanidad. Nunca me ha gustado comprar este tipo de cosas solo, porque no puedo evitar tener la irracional idea de que quieren engañarme, y mucho más en un país como este en el que el regateo es norma común de los comerciantes.

Al principio entré en una pequeña tienda de ropa, vi unos cuantos trajes y elegí uno. El dueño me pedía 150 dólares, lo cual me parecía excesivo, así que intenté regatear con él pero el hombre se enfadó. Parece que le herí su orgullo y sin mirarme me quitó el traje y lo colgó donde estaba.

De esta guisa me encaminé a buscar otra tienda cuando me encuentro, casualmente, a dos alumnas. Estaban sin hacer nada porque su profesora había faltado a clase, así que se ofrecieron para ayudarme a encontrar el traje de marras. Me llevaron en taxi por varias tiendas y tuve una pequeña, pero amable, discusión con ellas porque no me dejaron pagar al taxista.

Tras varias tiendas vistas y unos precios desorbitados vi que el coste del primer traje era más que justo, aparte de elegante. De este modo volvimos a la tienda del atrabiliario mercader quien cambió su rostro cuando mis alumnas le explicaron que venía de España para dar clases en la Universidad. Su displicencia se tornó en amabilidad excesiva y en movimientos continuos de la mano derecha hacia su corazón. Yo me llevé el traje, el comerciante se ganó un buen dinero, mis alumnas mejoraron su español práctico y todos iniciamos una bonita amistad.

Alumno muerto de hambre

Alumno muerto de hambre Ayer un alumno me pidió venir a mi casa porque se moría de hambre. Después de un largo día de ayuno sin pan ni agua estaba el pobre derrengado. Le llevé a mi apartamento y, a eso de las seis de la tarde, empezaron a sonar unos petardos en Teherán que indicaban el inicio del "des-ayuno". Pusimos la televisión y vimos al guía espiritual de Irán dirigiendo los rezos mientras mi estudiante murmuraba unas palabras en farsi a modo de oración. En cuanto acabó de orar se bebió 6 vasos de agua seguidos y comió con una fiereza contenida por su educación.

En ayunas

En ayunas Hoy algunas alumnas (parece que los alumnos tienen más capacidad de aguante), me han pedido salir un poco antes de clase porque se morían de hambre. Como es Ramadán no pueden comer desde las 5 de la mañana hasta las 6 de la tarde. Como yo acabo mis clases casi a las 7 de la tarde no he podido evitar dejar salir antes a las que quisieran. De este modo a eso de las 6 y pico abandonaron mi aula con un hambre canina y yo me quedé corrigiendo algunos trabajos.

Yo debo a mi buen amigo Catuxo (uno de los coordinadores de Onè Respe) conocer las virtudes del ayuno. Ayunar, dejando a un lado las motivaciones religiosas, sirve para depurar el cuerpo de toda las basuras que se va acumulando en nuestro organismo a lo largo del tiempo. Así, aunque yo no soy musulmán, intento llevar a la práctica este precepto ya que "donde fueres haz lo que vieres".

La cuestión es que con eso de comer sólo por la noche me voy a poner un tanto gordo porque no quemo calorías. En fin, sólo queda menos de 4 semanas para volver a comer, beber agua, llevar "after shave", etc. a la luz del día.

Pueblo sentimental

Me dice un iraní que las gentes de Irán son muy apasionadas y muy sentimentales. Me lo decía como aviso, para que intentara mantener un equilibrio: no debo acercarme mucho a ellos ni alejarme, pues se pueden molestar y coger inquina.

Yo no sé si eso será cierto, pero no hay duda de que el viajero jamás debe perder de vista las cuatro virtudes aristotélicas (prudencia, justicia, fortaleza y templanza) para salir bienavenido de las innumerables situaciones que se le puedan presentar.

Lo que tengo claro es que mis alumnos y alumnas aman la poesía, y para eso hay que sentir muy y mucho.

Transporte en Teherán

Transporte en Teherán

Teherán es una ciudad pantagruélica que reúne a más de 11 millones de habitantes; es por ello que para desplazarse hay que usar un vehículo. Antes de nada, desde aquí prohibo a cualquier neófito a conducir en esta ciudad, la locura en la conducción es brutal, el caos, los pitidos, y los choques son norma común´que los iraníes llevan como algo natural, pero al extranjero le asusta. Peatones y coches se mezclan en las calles (vídeo de 15 segundos) ajenos a cualquier peligro y los vehículos aprovechan cualquier recodo para adelantar (4,6MB, 2:10 minutos)

Descartado conducir y, por supuesto, olvidando tener un chófer (porque es demasiado caro, aunque por cierto, me dejaron el otro día que me llevara el chófer del embajador y fue una gozada recorrer la ciudad en ese mastodóntico coche) no queda más remedio que ir en taxi, en autobús o en metro.

Si preguntas por el metro la gente se ríe, porque está recién construido y tiene poquísimas estaciones. Respecto del taxi uno siempre tiene la impresión de que le van sablear, así que también lo descarté (aunque luego supe que no es tan caro, al menos para un occidental). De este modo, hoy me decidí a tomar un autobús para ir al Gran Bazar al lado de la Mezquita de Jomeini.

Las fotos lo dicen todo. Delante los hombres. Detrás las mujeres. Por cierto, me acabo de dar cuenta de que en una de las fotos sale José María Aznar, me pregunto que está haciendo por estas tierras, ¿se habrá apuntado al diálogo entre civilizaciones que propugna Zapatero?



Perdido

Perdido Hoy tenía que empezar mis clases a las 7:30 de la mañana. Paseo tranquilamente por los jardines de la Facultad dispuesto a empezar la jornada cuando llego al aula donde supuestamente debía hacer mi trabajo y me encuentro que no hay alumnos. Eso es un país donde se hablara español, inglés o, incluso, francés, no habría supuesto mayor problema pero en Irán, sin saber farsi, todo es más difícil.

Por más gesticulaciones que realicé para hacerme entender las gentes que por allí pasaban debieron pensar que era un tipo peculiar y como se reían, supongo que pensarían que también era simpático. "Míralo qué simpático y qué raro habla" decían sus rostros sonrientes.

Uno, en estos casos, no debe perder la compostura. Al final me encontré al profesor de literatura inglesa y pude hacerme entender en inglés. Fuimos a ver los horarios colgados en el tablón de anuncios pero ahí no aparecía mi clase. Al final, cuando resignado tomo la decisión de irme al despacho, aparecen jubilosas unas alumnas de otra asignatura mía y me resuelven el problema en un español excelente. ¡Gracias chicas!

Al final empecé la clase media hora más tarde. El edificio es demasiado grande y tiene muchísimas aulas como para encontrar fácilmente los sitios, sobre todo si los números no se escriben como en Occidente.

En los días de lluvia

Hoy, entre otras cosas, hemos leído y comentado este bellísimo poema de Luis García Montero. Había en el ambiente un acuerdo tácito que permitió que el alumnado no se alarmara ante la sensualidad del poema.

EN LOS DÍAS DE LLUVIA
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A Mari Carmen

Sabrás por la presente que empeoré de vida.
(Mariano Maresca)
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Más o menos extraña
la vida fue pasando tibiamente
por tu cuerpo y el mío.

Oigo la lluvia fría amontonarse
sobre las uralitas
y la noche me atrapa
en el sudor eterno de su tranquilidad.
Tal vez
debiera despertarte, hacerte compartir
este presentimiento
de lejana belleza
con el que me confundo apenas un instante
para volver a ti
que te abandonas
a la hermosa presencia
de tu respiración.

Pasan lentos los coches.
Oigo también
tu corazón lejano
pasar de madrugada entre la lluvia
y me asusta la sombra
de tanta intimidad.

Es tarde.
Uno escribe su vida en un poema,
analiza el amor
y se acostumbra
a seguir como está, junto a tu cuerpo
que quizá me recuerde todavía
desnudo entre las sábanas,

o las noches de lluvia nos confirman
que la vida, posiblemente hermosa,
no siempre es un asunto disponible
y que a veces resulta incluso mucha,
temible como ahora,
mientras que tengo miedo de besarte al azar.

Lo sé. Hemos sido extranjeros
hablándonos por señas demasiado cercanas,
ansiosos en las calles
de una nueva ciudad,
esperando tal vez que nos fotografíen
delante de este amor y de sus cicatrices,
eso que confundimos con nuestros sentimientos
o acaso
-en noches de locura-
con una sensación de humedad en los ojos.

Pero en pocas palabras se resumen
casi todos los días,
sus sílabas contadas en mis versos
y la felicidad.
Tibiamente los años
nos descubren
que nada existe ya sin tu sudor y el mío,
que somos todavía demasiado solemnes
cuando nos sorprendemos
temblando de pasión,
llenos de instinto mal disimulado.

Por eso, mientras llueve,
agradezco tu cuerpo entre las sábanas
y esta pasión desierta
de acariciar tus muslos,
más o menos extraños
y hermosos como un sueño
que acaba de llegar.

En mi despacho

En mi despacho Mi despacho huele a especias con las que se cocina, cuatro plantas más abajo, los arroces y el cordero. Desde él veo a las alumnas, ataviadas de negro, entrar con temor a los despachos de los otros profesores para preguntarles por sus notas y excusar ausencias. En mi despacho algunas alumnas me miran a los ojos y otras los apartan. En mi despacho, que comparto con los otros compañeros de departamento, impera la austeridad pero no hay carencias. A mi despacho se acercan los estudiantes a darme explicaciones y a decirme lo mucho que les gusta España. Desde mi despacho se puede contemplar los montes Elburtz, que pueden ver en la foto, los cuales son recorridos por miles de iraníes los viernes por la tarde.

La escritora de viajes Ana Briongos

Tengo el gusto de conocer (por un par de emails que hemos intercambiado, no vayamos a exagerar) a la excelente escritora Ana Briongos. Os recomiendo mucho uno de sus libros: La cueva de Alí Babá y que visitéis su estupenda web http://www.ana-briongos.net/ Yo les dejo con una cita de uno de sus libros:

"Los caminos del mundo son una escuela donde se templa el espíritu y se afianza la tolerancia y la solidaridad. Se aprende a dar y a recibir, a mantener las puertas abiertas de la casa y del espíritu, y sobre todo a compartir. Se aprende a disfrutar de lo poco, a valorar lo que se tiene, a ser feliz en la austeridad y a festejar la abundancia. Se aprende a escuchar y a observar y se aprende también a querer" (Ana Mª Briongos, Negro sobre negro. Irán cuadernos de viaje, pág. 16, Laertes ediciones).

Mi primer día de clase en la Universidad de Teherán

Tras el largo viernes de descanso musulmán, hoy sábado empezó la semana de duro trabajo en Irán y, como no, experimenté mis primeras sensaciones docentes ante una cultura que hoy no ha dejado de sorprenderme.

En primer lugar, casi todos mis alumnos son mujeres, digamos que un 80%.

En segundo lugar, tras las pertinentes presentaciones, las mujeres se mostraban más ambiciosas profesionalmente que los hombres.

En tercer lugar, sus negros velos tienen más elegancia que las minifaldas de Occidente.

En cuarto lugar, son muy inteligentes y me meten mucha caña en las clases, como a mí me gusta.

En quinto lugar, van de la mano por la calle con sus novios.

En sexto lugar, son románticas y les gusta la poesía española, sobre todo Bécquer.

En séptimo lugar, tienen conciencia de género (es decir, conciencia de clase).

En octavo lugar, son muy respetuosas pero sin caer en la ñoñería.

En noveno lugar, se levantan todas (y todos) cuando paso a clase, como si yo fuera un sacerdote apunto de empezar la liturgia.

En décimo lugar, cuchichean a veces, pero mi desconocimiento del farsi no me permite saber de qué hablan.

Por fin en Teherán

Ayer jueves fue uno de los días más estresantes. Conduje 200 km para estar en la Embajada de Irán en España porque se suponía que podría estar mi visado. Este suponer era demasiado para mí, ya que estuve muchas semanas, si no meses, tras él, pero siempre faltaba una carta de alguien importante de Teherán. Ayer yo me presenté a la desesperada, con un billete de avión para la tarde y con el riesgo de no poder impartir las clases que empiezo mañana sábado.

Tras una negativa más a darme el visado, la maquinaria diplomática española desde Irán se puso en marcha y en cuestión de tres horas largas yo ya tenía el dichoso papelajo pegado en mi pasaporte.

No es fácil recibir un visado para Irán, los asuntos de viajes a estos países de medio orienteestán muy cumplicados. Al menos ya estoy aquí y como tengo conexión a Internet desde mi fabuloso apartamento podré ir contándoles algunas de las cosas, principalmente relacionadas con el mundo de la educación, que vayan ocurriendo en este apasionante y difícil país. Les dejo con las primeras fotografías.