Miss Mundo Iraní
Debajo del velo de muchas mujeres iraníes se esconde la más embriagadora de las bellezas. Esa es una de las razones por la que los persas las obligan a cubrirse; los varones no quieren conventirse en Ulises y es su forma de atarse al mástil ante la llamada de las sirenas. La cuestión es que siempre hay una sirena a la que es imposible sortear. En realidad esa sirena, antes que un peligro a evitar, es la verdadera Ítaca.
Si a las iraníes les estuviera permitido participar en los concursos de carnaza y humillación de la mujer que tanto gustan en Occidente, ganarían todos los años gracias a su extremada belleza, exquisita educación y, lo más importante, que tienen clase. Pero ellas mismas se niegan a concursar, no consienten convertirse en vilipendiados objetos circenses de los machistas que dominan el planeta.
La fotografía muestra un cuadro de una exposición sobre arte contemporáneo en Teherán. Es, simplemente, sobrecogedora. A ver si encuentro quién es el autor.
¿Es suficiente una cámara, un coche recorriendo las calles de Teherán con una mujer divorciada dentro hablando con personajes del paisaje urbanístico iraní para hacer una obra cinematográfica excepcional? La respuesta es que sí.




