
A los occidentales siempre nos sorprende ver a los hombres descansando en perfecto equilibrio en cuclillas. No sé por qué perdimos esta tradición para amoldarnos a las artificiosas sillas; cada vez que les veo sentados de esta guisa por la calle les noto cómodos y dichosos. Yo me tendría que sentar sobre el suelo, a falta de llevar una silla, pero ellos pueden tirarse así horas y horas sin sufrir molestias. Por más que quise aprender en China a descansar así, no pude, ni en la República Dominicana, ni en Irán...